La obra poética de Quevedo ha sido difícil de recopilar, porque sus poemas habían estado circulando en muchos libros de otros autores o en muchos manuscritos.
Fue Antonio González de Salas quien, después de la muerte de Quevedo, los poemas de éste en El Parnaso español(1648), libro que incluye los poemas pertenecientes a las seis primeras partes o «Musas», clasificación temática en que, por su contenido, se asignó cada poema a una de las nueve musas de la mitología. Pero la labor filológica de Salas es deficiente: enmienda poemas, termina otros inconclusos y suprime bastantes. Además la mayoría de los títulos de los poemas es suya.
Se hicieron más ediciones, pero la que más esclarece los problemas textuales, fue la edición de 1563 de José Manuel Blecua.
Éste profesor, agrupó los poemas de Quevedo según un criterio básicamente temático. La clasificación es la siguiente:
Doce poemas metafísicos
Heráclito cristiano, conjuntos de veintiocho poemas metafísicos, religiosos y morales, dispuesto por el propio Quevedo.
Ciento nueve poemas morales.
Cincuenta poemas religiosos.
Once poemas líricos, grupo secundario constituido por ejercicios de estilo en los que se aprecian, no obstante, algunas de las constantes de la poesía de Quevedo.
Ochenta y un elogios, epitafios y túmulos.
Ciento cuarenta y nueve poemas amorosos.
Canta sola a Lisi, setenta composiciones amorosas dedicadas a una única dama.
Trescientos treinta y siete poemas satíricos.
Veintisiete jácaras y bailes.
Dos poemas épico-burlescos: Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando y La toma de Valles Ronces.
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